Saturday, August 30, 2008

Santiago en 100 palabras 2008

Evangelio indescifrable

Constataba una y otra vez el hecho: Esa madrugada de julio, recién despertando la semana santiaguina, irrumpió –impúdicamente leve- en su ventana enmohecida. Pensó que, apenas se le acercara, rompería en vuelo. Pero no, simplemente se quedó allí, regalándole la brisa dócil de sus alas en prodigio. En la huidiza duración de dos canciones de la Violeta, se eternizó a su lado aleteándole el misterio, como sosteniéndole las ramas al mundo entero. Le dislocó la existencia, y ella supo que venía a devolverle las ganas de arrancarle a la vida su sentido. ¡Santo Dios, un peuco en su ventana!



Constatación

Las ventanillas escurren un aliento sin dueño en el mismo y único trayecto. Y en la emergencia imparcial de este vaho, son los mismos el decir aplazado, el cansancio, la ensoñación, y el apuro incontinente; Y es uno, sólo uno, –Apúntese- el subibaja aglomerado de cada estación. Cotéjese. Vamos siéndolo, en cada viaje, este uno que nos hace indiscernibles en lo mismo: El nosotros de cada atardecer... volviendo a casa.

Tuesday, September 04, 2007

Santiagoencienpalabras 2007

¿Mejor en taxi?


Las Agujas y los ganchos de la viuda regordeta, el Superocho del abuelo “juntando la platita para volver a Chillán”, el cuaderno para colorear "que le trae una yapa" de la señora ciega, el “Valparaíso” de Lucho Barrios en la guitarra destemplada del estudiante que no consiguió el crédito fiscal, el incienso de los Hare khishna, los payasos tristes y su rutina subida de tono, los parchecuritas del paralítico y el ex presidiario con sus estampitas del Sagrado Corazón para que “Dios se lo pague”. Mil setecientos pesos si le sumo los cuatrocientos del pasaje... y me duele el alma.



Introspección


Aquí el sabor de su lengua objetando mi saliva vehemente. Allí mi cuerpo hundido en la inauguración precoz de su latencia. Tan lejos de mí el alfabeto de lo acostumbrado. Tan lejos como los horizontes azules de su sábana goteándome el deseo. Vengo sin proveniencias a encontrarme perdida en ruina perentoria. Reclamando de Dios el olvido y la memoria en simultáneo. Vengo y voy diferida más allá de mí misma, como omitiendo esta corriente en la fuga de un vitral, mudándome la piel dislocada en esas tantas equivalentes de ninguna. Todas yo – ahí - proyectándose en los espejos caleidoscópicos del Metrotren.
Valentina, domingo 2 de septembre de 2007



"Caleidoscopio"

Óleo sobre tela de Martín La Spina

Sunday, May 06, 2007

Del Kaos al Kosmos





Pintura: Juan Antonio Torrijo
Texto: Valentina Carrozzi

Tuesday, February 20, 2007

Manifiesto existencial - Senryu

De ligaduras
mi duración entona
su dulce enredo

Valentina, 20 de febrero de 2007

Saturday, November 18, 2006

La Tere vieja ha muerto - In memoriam


La Tere vieja ha muerto. Santiago duerme otra madrugada cualquiera de Virgen de Fátima.Las calles están desiertas y proyecto en ellas mi parálisis. No sé cómo mis pies alcanzan las escaleras eternas del tren subterráneo. La vieja Tere ha muerto.
- Mi mamá descansa, mi mamá descansa.
- Llora. Llora.
- Perdona que llame a esta hora-
Qué dices, gracias por llamar... llora. Por Dios. Gracias a Dios. Llora.
-La vieja Tere ha muerto.
Ya descansa. Fue tan ancha su agonía. Y pedimos tanto a Díos que se la llevara.- Dios mío, Señor mío, qué te pedimos cuando reivindicamos la muerte para los nuestros.“La Tere vieja ha muerto”. Qué significa este anuncio. Qué significa.En la espera de memoria y gratitud suena una milonga quejumbrosa de la Mercedes Sosa y el túnel obscuro del andén se despliega, largo, detrás y frente a mí. Sólo la milonga y el recuerdo. El recuerdo y la milonga. Estoy desorientada.- Cuánto tardará el vagón que me llevará a tu último beso, Viejita.
La vieja Tere ha muerto. Suena el teléfono en mi mochila. No quiero saberlo otra vez. No responderé. Lo olvido. Las puertas se abren. Los rostros de los obreros se ven duplicados, indiscernibles, en la misma cantinela trabajosa del pan de cada día. Ellos no saben lo que siento. Yo no sé de su cansancio. Apenas una huella en sus rostros. Apenas un indicio en el mío. La Tere vieja ha muerto y éstos no lo saben.- Cómo nos volvemos tan anónimos, Dios mío. Cómo nos volvemos ninguno. Cómo nos volvemos nadie. Ellos no saben de ella. No sabrán nunca de ella.Es tan difícil recordar la estación en la que hay que bajar. Es tan largo el trayecto, tan absurdo. Tan desierto.La vieja Tere ha muerto y las estaciones callan su nombre y su voz. Se agolpan en mi retina su rosario perseverante, su canción desafinada, su coscorrón inofensivo. Su regalo inaudito -aquel yoyó gigante que sólo yo tuve porque ella lo encontró quién sabe dónde. Y esas pastillas de anís que mitigaron el dolor después de la inyección . Reía cuando me acariciaba el pelo y me decía que yo era la hija de Arturo Prat.
Su risa. Dios. Su risa. Las estaciones, los obreros, la llovizna allá afuera, no escuchan su risa. Su risa que lo inundaba todo. Que lo protegía todo. Pienso en la Javi, en Pancho, en mi otra Tere velando a su vieja. Pienso en la Márgara y la Blanca viajando desde lejos. Tantos y tan pocos que la amamos porque ella nos amó primero. Quiero llegar hasta ellos. Necesito reconocer en sus rostros a mi vieja dormida. Entre ellos su risa es más fuerte. Entre ellos esta pena se reconocerá exiliada de cualquier anonimato.
Porque era nuestra. Porque fuimos de ella.
Te beso, mi Viejita. Te beso con el beso agradecido de quien te debe una infancia de asombro y contención. Te despido. No hay palabra. No hay consuelo. Sólo gratitud. Y esta pena que espera tu reencuentro.- Dios mío, Dios nuestro. Ella es tuya. Siempre lo fue. Permite que podamos aquietar la pena para dar paso a la esperanza de volverla a encontrar en ti.
La Tere vieja ha muerto. Tú lo sabes, Señor. Sólo tú sabes lo que esto significa para nosotros, sólo tú, Señor de la Misericordia, sólo tú, que la quieres viva junto a nosotros.


Valentina


Viernes 13 de mayo de 2005

Monday, September 18, 2006

Haiku





Son de astrolabios
precisión imprudente
de esferas idas


Valentina, 18 de septiembre de 2006

Tuesday, August 15, 2006

Meditación azul - Relato

Aquí estoy. Turbada otra vez. El naranja entrándome en la nuca, rodeándome justo cuando quiero crisantemos lilas y azules en mi ventana. En qué estás, preguntas. Y no sé qué responder. Ella dijo que originara azules comenzando en mi pecho, pero cierro los ojos y veo violetas, verdes... Espera, no sé. Cierro los ojos y es amarillo. Me sorprende que no pueda hacer nada sutilmente insustancial. La gravedad es una adicción espantosa cuando lo que quieres es fluir sin culpa, sin miedos, sin preguntas. Anido en la constante anticipación. No sé ver televisión, ni leer novelas rosa y es tan difícil parir azules amorosos cuando tienes en el pecho una herida inmensa en el cuerpo astral que lo absorbe todo en un enorme vacío negro sin fondo. Qué será lo que esto significa. Ya es bastante difícil habértelas con la propia vida cuando tienes un solo cuerpo. Ahora sucede que puedo aceptar que sea septenario, con chakras girando en espiral, propagando sus energías áureas más allá de estos maravillosos y seguros límites. Ellos son los tutores de mi absurdo. Y yo, una perfecta incógnita para mí misma. Qué dices de esta posibilidad imposible, Señor. Cómo saber si esta apertura y tolerancia inverosímiles de hace tan poco no permitirán que te olvide y me olvide. No me dejes cuando yo lo haga. El niño tose. Que no descubra nunca este desasosiego en su mamá. Si no puedo darle confianza en la vida y su sentido, andará a tientas cuando crezca. Afán de poderío. Es una maligna aspiración al dominio y el control. No sé qué será de él mañana, como no sé que soy yo misma hoy. Anochece en Santiago y no quiero que venga el día. Otra vez la rutina. Otra vez el apuro inconducente en los límites confusos de una institucionalidad de tumba y deyección. Repetición constante de lo mismo. Reiteración de lo que no puede sostenerse en el silencio de lo importante. La inadecuación existencial no tiene cabida en mi jornada laboral. Quiera Dios que nadie lo note. Estoy desintegrándome de veras. Encenderé incienso de violetas, lavanda o vainilla. Tal vez los tres podrán esconder esta soledad cubierta de tabaco y encierro. Ni siquiera en esto estoy clara. Azul evanescente que no llega. El niño necesita de mí. Y yo quiero escapar. Azul ausente, flujo evitado. El amor no es fácil. Carga y libertad. Dependencia, dulzura, agobio, ternura, opresión, misterio... y sus manitos tibias en mi rostro. Me pregunto si sabe ya que se nos murió el amor. Me pregunto si ha descubierto que mentimos cuando decimos familia. Acaso no mentimos. No sé de quién aprendí que la familia debía fundarse en el amor de dos. Tal vez es más grande el deseo de amar que el amor mismo. Tal vez aprenderá de mí la persistencia antes que el destierro. Pondré lavanda. Las lavandas no son azules, pero sí azuladas celesteantes. Cómo salir en dirección de lo lleno. Ella dijo que el abismo oscuro que cala mi alma sólo se colmará con el amor a mí misma. Que no podré aceptarte, Señor, ni creerte, en la medida que no me ame a mí misma. El espejo no proyectó nada. No me vi ni mujer ni pequeña, simplemente no me vi. No puedo eximirme del perdón. Amor es más que compasión, más que resignación, más que aceptación. Y no sé amarme. Apareció entonces el aroma de las flores. No pude sentirlo, pero ella dijo que alguien me lo enviaba como regalo. Si fuera cierto, Señor, si verdaderamente existieran espíritus compañeros amorosos y protectores. Ella veía flores mientras yo la observaba. Es hermosa. Tan hermosa. La mujer más hermosa que he visto nunca. De belleza incomprensible y simple. No me hizo caso cuando le dije que todo lo que me mostraba me parecía absurdo. Sus manos en mi pecho. El naranja y el azul. Alguna vez supe esto. Alguna vez me pareció que el universo entero conspiraba para regalarle sentido a mi existencia. Fue cuando creí en el fénix encarnándose para señalarme el rumbo del futuro. Dónde, Señor, dónde encontrar la clave para reconstruir esta fe de cruz y resurrección y soldarla a esa otra de karma y regeneración destinal. Trasmigración y libertad irreconciliables. Tal vez aunque pudiera articularlas no sería suficiente. Sea lo que sea, no puedo soltar amarras y entregarme. Entregarme. Azul emergente, amoroso, inúndalo todo. Que pueda yo creer que hay futuro. Inhalación agradecida, exhalación integradora, quiero volverme tránsito liviano. Sólo ponerme en marcha una vez más.



Valentina, 15 de agosto de 2006